SIN TROMPO DE PONER

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OJOS LLENOS DE ABRIL

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SIN TROMPO DE PONER


"Los escritos de Paul Paniagua subliman el espíritu, conquistan la alegría, y nos hacen ver la vida con humor y optimismo... Desde el título, Paul Paniagua nos penetra en un espacio lúdico, inspirado en los juegos de trompos. Para el autor, el texto es una métafora de la vida.Es un liSbro original que atrapa al lector.. Estos textos hiperbreves no se pueden leer con el ceño fruncido, sino una una amplia sonrisa. " Dra. Mara L. García BYU

"Mis textos descubren el misterio de la vida, las cosas, y aún hasta en una toalla vieja o inodoro cualquiera, se desenmascara la ocasión de reír y llorar. Espero que mis textos enseñen a enfrentar la vida sin miedo; no hay razón para no ser feliz en ella. No hay excusa para no serlo ni trompo de poner alguno que tenga que pagar por nuestras culpas". Paul Jr Paniagua


SIN TROMPO DE PONER



EL INODORO


El inodoro irrumpe en protesta. Se estremece de llanto. No acepta su terrible destino. Solloza. Traga de todo. Anticipa saldar cualquier cuenta pendiente. No se da por vencido. Sufre acoso moral. Le resulta absurdo contemplar el suicidio. No se acobarda. Sigue de pie resoluto.


Wednesday, December 21, 2011

LA NINA TZOTZIL en Memoria de Ramona


El turista se sorprendió cuando tomó la muñeca entre sus manos. Es Ramona, la comandante de los Altos de Chiapas, exclamó. El sabía que lo que tenía entre sus manos era una verdadera obra de arte. Pero, queriendo aún confirmarlo, le preguntó a la niña Tzotzil:
--¿Quién es? Con acierto y firmeza le contestó: --Es Ramona, la comandante de Chiapas. Percibiendo el interés
del marchante, la niña le mostró emocionada su línea de muñecas que ella misma había confeccionado. Las había ordenado sobre la mesa meticulosamente, escalonándolas de izquierda a derecha, según su vestimenta y colores. Al hombre ladino ya no le quedó duda que lo que yacía ante sus ojos era una colección exclusiva. La niña deseaba vender clandestinamente alguna Ramona, sabía que todas estaban prohibidas. Pero alegre le dijo:
--Esta es Ramona en su caballo azabache, y es mi favorita. Este caballo es fuerte, galopa infatigable en las montañas de Chiapas.
--Mira, le decía, mientras la tomaba en su mano y pretendía galopear por el aire en su caballo. Los cascos plateados del caballo destellaban.
--Y, el vestido de Ramona es genuino. No era difícil descubrir su fascinación por Ramona. --Y ésta otra, —continuó diciendo: --Es Ramona con su fusil y enagua negra que evoca el respeto
de cualquiera. Y ésta es Ramona en sandalias con su pelo largo y su huipil de fiesta. Su huipil está bordado en cruz con sapos y rayos de la lluvia. Se tejen en las nubes de las montañas. Y ésta otra es Ramona en la batalla con su batallón invencible. Y mira esta otra, Ajwail, es Ramona enamorada. Esta me encanta. Aquí está Ramona en su ajuar de novia. Y aquí, está otra vez con fusil con el subcomandante Marcos en pasamontañas.
El hombre ladino detuvo su mirada y fijó sus ojos en la última muñeca al final de la mesa.
Ella, dijo, mirándole con una sonrisa en los labios:
--Esta soy yo, con mis trenzas y pelo largo con mi vestido de muchos colores. Traigo mi huipil bordado como ella. Soy Ramona, chiquita.
Luego, pensativa la niña Tzotzil, se la entregó en sus manos para que la mirara y le dijo con convicción y firmeza:
--Pero Ajwail, esta Ramona no está de venta. El hombre ladino se apenó al escucharla. --Niña, dame la muñeca que tu escojas, le dijo. La niña volvió a mirar su colección de muñecas, y al no poder
decidirse por una, le dijo: --Ajwail, tampoco éstas se venden. La niña Tzotzil recogió sus preciosas muñecas; dobló el mantel,
y partió en dirección a su casa.

Paul Paniagua
Sin Trompo de Poner
Copyright 2011


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